La mariposa azul.    Antes de todo, sentía muy dentro de mí que un día vendrías...
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....Volvió a reír, tranquilamente como si se divirtiera. Quizás con ella.
La pequeña mariposa miró frente a sí, hacia las alas muertas en el muro de piedra.
«Tú, que le dabas a todo una razón,» susurró, «dime ¿por qué haces todo esto?»

Pero quizás el rey no escuchó sus palabras, porque esta vez no rió.

...

Pasado un rato, se acercó en silencio a la ventana. Se inclinó hacia delante; abajo se distinguían sus coloridos jardines. Inundados de alas de mariposa...
Empezó a hablar; más al viento que a su pequeña cautiva. «...La mayoría de ellas...» dijo, evocando lo que había compartido con ellas... Hace tantos años...

«...La mayoría de ellas, nunca llegará a esta sala.
Al menos mientras todavía puedan volar.»


«Algunas de ellas, me son completamente indife-rentes...
La forma y el color de sus alas, nunca me llenaron...
Se apagarán y se perderán en los pasillos de mi jardín. Y será como si no hubieran vivido ni un instante.»

«Otras, tampoco me lo pusieron nada difícil.
Se sumergieron en el néctar que les ofrecí y saciaron con él su sed de embriaguez para toda la vida.»


«Por último, entre ellas, hay algunas mariposas...»
«Algunas –puede que muy pocas, puede que suficien- tes, ya no me acuerdo– que una vez llegaron a esta sala. Que absurdamente creyeron que se me podrían resistir.
Pero ellas un día también tuvieron que elegir... La muerte en un solo instante.
O la prórroga de una vida infinita.»

«Sabes que escogieron.
Lo que algún día tú también escogerás... No podría ser de otra manera.»


«¡Míralas ahora!
Vuelan en mi jardín. Vuelan cerca de mí y son felices...
Sus colores brillan  bajo el sol, como si nunca hubieran
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